2006-06-21

Ausencia de Dios

Digamos que te alejas definitivamente
hacia el pozo de olvido que prefieres,
pero la mejor parte de tu espacio,
en realidade la única e constante de tu espacio,
quedará para siempre em mí, doliente,
persuadida, frustrada, silenciosa,
quedará, em mí, tu corazón inerte y sustancial,
tu corazón de una promesa única
em mí que estoy enteramente solo sobreviviéndote.

Depues de ese dolor redondo y eficaz,
pacientemente agrio, de invencible ternura,
ya no importa que use tu insoportable ausencia
ni que me atreva a preguntar si cabes
como siempre en una palabra.

Lo cierto es que ahora ye no estás en mi noche
desgarradoramente idêntica a las otras
que repeti buscandóte, rodeándote.
Hay solamente un eco irremediable
de mi voz como niño, esa que no sabía.

Ahora qué miedo inútil, qué vergüenza
no tener oración para morder,
no tener fe para clavar uñas,
no tener nada más que la noche,
saber que Dios se muere, se resbala,
que Dios retrocede con las brazos cerrados,
con las labios cerrados, con la niebla,
como un campanario atrozmente en ruinas
que desandara siglos de ceniza

Es tarde. Sin embargo yo diría
todos los juramentos y las lluvias,
las paredes com insultos y mimos,
las ventanas de invierno, el mar a veces,
por no tener corazón em mí,
tu corazón inevitable y doloroso
em mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote

Mario Benedetti - Uruguai

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