2006-06-23

el mal inevitable

El mal no es algo que esté ahí porque Dios lo quiere, ni siquiera porque Dios lo permite (ya decía Kant que una "permisión" en un ser "que es causa total y única del mundo" equivale a un querer positivo; y el mismo derecho penal castiga no sólo al que causa directamente el mal, sino también al que, pudiendo, no lo evita). El mal está porque, siendo como es la realidad finita, no puede no estar; resulta de todo punto inevitable. Si somos pequeños, si el mundo es limitado (y no puede no serlo puesto que es finito), resulta absolutamente inevitable que aparezca el mal. El paraíso en la tierra enciende la imaginación y puede tener su función como mito; pero en lógica estricta es un absurdo, una verdadera "tonteria". O no hay mundo o, si lo hay, dado que no puede ser Dios, tiene que ser pequeño, limitado, con desajustes y conflictos, con insatisfacciones y sufrimientos...con mal.

Basta con pensarlo un poco para ver que, de existir el mundo, el mal resulta inevitable; o, dicho de un modo un poco pedante, es metafísicamente insuprimible. Dios, si podemos hablar así, tenía alternativa de crear el mundo o de no crearlo. De crearlo, tendría que ser un mundo real: un mundo en el que hay que nacer y crecer, en el que hay que morir; donde si estás en un sitio, no puedes estar en el otro; donde si eres hombre, no puedes ser mujer donde si atiendes a uno, no puedes atender a otro...Lo qual a nivel físico comporta incompatibilidades y posibles catástrofes; a nivel biológico, sufrimientos y enfermedades; a nivel moral, posibilidad de injusticia, egoísmo y opresión.
...Eliminar el mal del mundo supondría un continuo milagro, un continuo estado de excepción para sus leyes, robándole su seriedad y convirtiéndolo en un juguete, en una marioneta ridícula: equivaldria a eliminar el mundo. Dios es mucho más serio y respetuoso que todo eso: si crea un mundo , lo apoya con toda la fuerza de su amor, respetando sus leys físicas y dejando espacio a la liberdad humana.

Andrés Torres Queiruga

4 comentários:

  1. Apesar do atractivo desta leitura da questão do mal, acho-a, todavia, insuficiente. A sua "naturalização" obscurece a perplexidade de Deus diante do maligno; e a sua infinita revolta...
    JS

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  2. JS,

    também acho. Lemos, reflectimos, mas a nossa perplexidade mantém-se.
    Não sei se o Queiruga já reflectiu noutro sentido. Não encontrei mais nada.
    Mas como eu dizia ali em baixo, consigo viver com esta perplexidade, não de forma passiva, mas a tentar que do que depender de mim o mal não vença. Confio também nas promessas de que o mal, um dia, será aniquilado.

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