2007-02-24


Tengo sed!

¿Tú tienes sed de qué, oh fuente viva?
En el manantial quebrado de tu cuerpo
Los ángeles se sacian.
Y todos los humanos
bebemos en tus ojos moribundos
la luz que no se apaga.

Tierra de nuestra carne,
calcinada por todo el egoísmo
que brota de la humanidad,
tienes la sed del amor que no tenemos,
ebrios de tantas aguas suicidas…

Sabemos, sin embargo,
que será de esa boca, reseca por la sed,
de donde nos vendrá el himno de la alegria,
el vino de la fraternidad,
¡la crecida jubilosa de la tierra prometida!
¡Danos sed de la sed!
¡Danos la sed de Dios!


D. Pedro Casaldáliga

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