O ataque de Israel a Gaza, suscita ao teólogo José M. Castillo, a reflexão sobre as "misteriosas e inquietantes relações entre religião e violência" não hesitando em dar-lhe um nome: Terrorismo religioso.
Las relaciones entre religión y violencia son un hecho patente. Lo que ocurre es que la religión suele infundir en los creyentes tanto respeto que nos dificulta para darnos cuenta de que el fenómeno religioso, mal interpretado o manipulado por turbios intereses, nos incapacita para ver con objetividad y claridad los desastres de miedo y terror que produce en la sociedad y en cada uno de nosotros.
Dicho esto, creo necesario dejar muy claras tres cosas:
1) Nunca la religión es la única causa que desencadena las guerras y otras formas de terror social. Porque en estos casos los intereses políticos y económicos son evidentes.
2) Desde el momento en que el concepto de Dios se identifica con el Trascendente y el Absoluto (sin más precisiones), la religión resulta un peligro que, en manos de hombres con poder y sin escrúpulos, sirve admirablemente para justificar la violencia, para legitimar el terror, para maquillarlo y hacerlo asumible a tantas criaturas indefensas que prefieren la sumisión porque no se ven con fuerzas para soportar el peso de la libertad.
3) Cuando la religión se asocia con esperanzas que trascienden esta vida, en ese caso el peligro de violencia y la fuerza del terror se refuerza hasta lo inimaginable. Porque lo más seguro es que, en tales esperanzas, se basan los motivos fuertes que empujan a los terroristas suicidas que, tras una muerte instantánea, esperan un paraíso de delicias eternas. Es claro que con semejante discurso se fabrican suicidas violentos en serie. Como también, utilizando hábilmente la esperanza en el cielo, se puede fabricar cobardes resignados y bien dispuestos a soportar lo que les echen encima porque ¿qué importan las penalidades que sufrimos en este valle de lágrimas si las comparamos con el peso de gloria que nos espera? A veces, me da por pensar que este terrorismo puede ser más cruel, para el que lo padece, que el de los suicidas. A fin de cuentas, el suicidio es cuestión de segundos, en tanto que la resignación puede prolongarse durante una vida entera. Es evidente que el terrorista suicida mata quizá a mucha gente. Pero no es menos verdad que, si en este mundo hubiera menos resignación sumisa y más libertad para no soportar las injusticias, es seguro que este mundo sería distinto, seguramente mucho mejor de lo que imaginamos.
Decididamente, una de las cosas que más nos urgen a todos es afrontar en serio el problema de la religión. No para acabar con ella. Ni para pretender ingenuamente marginarla de la vida de los individuos o de la sociedad. Me parece que eso nadie lo va a conseguir. El problema no está en eliminar la religión, sino en persuadirnos de que se puede vivir de otra forma. No pretendo inventar nada. Porque, al menos desde el punto de vista de mi tradición religiosa (la cristiana), hace ya casi veinte siglos que la cosa se inventó. Lo que pasa es que, en estos veinte siglos, hemos sido muchos los cristianos traidores que hemos traicionado el invento. Me refiero al invento que consiste en este solo proyecto: “jamás se puede anteponer una idea (ni religiosa ni política) al bien y a la felicidad de un ser humano, sea quien sea”. Un Dios o una religión que le amargan la vida a los humanos, que les meten miedo, que los someten mediante terrores, quizá tan sutiles que ni nos damos cuenta de ellos, ese Dios y esa religión, no sólo son mentiras y patrañas, sino que sobre todo son un peligro público de consecuencias imprevisibles. Ya está bien de utilizar a Dios y a la religión para matar personas, marginar a colectivos enteros, por ejemplo a las mujeres, o para humillar a seres que no tienen la culpa de ser como son, los homosexuales, pongo por caso. Todo esto, se haga como se haga o por más que se justifique con los más sutiles argumentos teológicos, en realidad, no es sino terrorismo religioso.
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Ou não entendi nada, ou o autor acha que o terrorismo religioso é o do Islão. Discordo em absoluto. No caso em apreço, o terrorismo religioso está mais na Torá do que no Corão. E tem havido ao longo do tempo, e continua a haver, terrorismo religioso alegadamente baseado no Novo Testamento.
ResponderEliminarlino, deves ter lido à pressa. ele fala muito claramente (mulheres, homossexuais) vitimas do terrorismo romano.
ResponderEliminarSe calhar, foi mesmo.
ResponderEliminarA religião sempre teve a faculdade de provocar guerras, conflitos, discusoes e separaçoes. A história repete-se vezes sem conta. Bjs
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