2010-09-04

Andrés Torres Queiruga comenta as afirmações de Hawking sobre Deus e a criação do Universo

-¿Qué opina de que Hawking afirme que Dios no es necesario para la creación del Universo, que el Big Bang fue una consecuencia inevitable de las leyes de la física?
-La frase como tal, si se toma en la pura literalidad, no es nueva. Es decir, para la física evidentemente Dios no es necesario. Ya lo había dicho Laplace: para explicar la astronomía no se necesita la hipótesis de Dios. Lo que pasa es que Hawking, como ya en otras ocasiones pero esta vez con más fuerza, en la medida en que son de fiar los datos de la prensa, hace una afirmación desmesurada, que se sale totalmente del campo de la física. Él tiene su dosis de razón, porque para explicar "científicamente" cómo funciona el universo desde su origen constituye es una pregunta científica que responde la ciencia, pero cuando da el salto a preguntar por qué aparece el universo, entonces él ahí entra en un mundo filosófico en el que demuestra muy poca competencia.
-Usted cree que ciencia y religión o filosofía son campos separados...
-Evidentemente. Pero es muy típico de algunos científicos extrapolar su saber científico, convirtiéndolo en saber filosófico y aun masivamente empírico. Un ejemplo para que se entienda. Si una mujer a la que desapareció el marido va a pedir una pensión de viudedad, es posible que le contesten que su marido "jurídicamente" no está ni vivo ni muerto, porque todavía no ha aparecido el cadáver. Y tienen razón jurídicamente. Pero si el funcionario de ahí sacase la conclusión de que "en la realidad" hay un hombre que no está ni vivo ni muerto o que puede estar vivo y muerto, sería una solemne bobada. Una cuestión científico-jurídica se convertiría en una afirmación ontológica. Pues Hawking incurre en ese paralogismo. Sin duda, físicamente puede llegar con todo derecho hasta lo que se conoce como "singularidad" inicial. Todo eso entra en el mundo científico. Pero luego hace una pregunta distinta: por qué hay esa singularidad inicial. Entonces cuando afirma que la nada es el origen del universo, entra en lo filosóficamente insostenible. Eso es tan disparatado como decir que en la realidad un hombre puede estar vivo y muerto al mismo tiempo.
- De la nada, nada puede salir, dicen los filósofos.
-Es evidente y lo dice el mismo sentido común. Parece que Ortega dijo en una ocasión: "Einstein sabe tanta física que de vez en cuando puede permitirse decir algún disparate en filosofía". Me lo contó Gacría-Sabell. Pudiera ser apócrifo, pero el dicho resulta muy pertinente para este caso. En física Hawking puede ser muy competente, pero eso no lo autoriza a pontificar en filosofía, ni en religión.
- ¿La física podrá responder alguna vez a este tipo de preguntas o quedan fuera del alcance de la ciencia?
-Es que no le preocupa. La ciencia no entiende de eso, ni para afirmar ni para negar. Como también sería ridículo usar la física para afirmar a Dios sin más. Son preguntas de otro estilo. Sería como usar el peso corporal para determinar el amor que una persona siente por otra. Un disparate. Son cuestiones de ámbito distinto.
- ¿Son compatibles?
-Compatibles en la medida en que no invadan el campo ajeno. La pregunta del filósofo no manda en el ámbito del científico, y viceversa. Esto ya lo dejó Kant muy claro y la fenomenología de Husserl insistió todavía con más fuerza.
- ¿El método científico podrá algún día dar una respuesta a esta pregunta?
-Sería tan imposible como pensar que la física podría determinar algún día el peso del amor. Simplemente se trata de una cuestión sin sentido.

daqui

3 comentários:

  1. Parece-me ter tudo a ver:

    «A TRANSFORMAÇÃO DO CRISTIANISMO

    Um dos resultados mais positivos do Concílio foi o de, ao colocar o homem no centro das suas preocupações, ter encorajado o desenvolvimento duma teologia dos valores terrestres.
    Esta orientação exprime um movimento de conjunto do cristianismo, tanto protestante como católico, nesta segunda metade do século XX.
    A elaboração dum novo humanismo especificamente cristão tornou-se possível graças a uma reflexão profunda sobre a transcendência.
    O ponto de partida parece-me ter sido Karl Barth, que deu um golpe decisivo no dogmatismo em teologia. Poder-se-ia comparar o aspecto crítico da obra de Barth à «revolução coperniciana» de Kant na filosofia. A todo o dogmatismo teológico, isto é a toda a pretensão de alguém se instalar em Deus e de falar em seu nome, Barth opõe o próprio princípio de todo o pensamento crítico: tudo o que dizemos de Deus, é um homem que o diz.
    Esta consciência duma descontinuidade radical põe o problema da transcendência sob a sua forma mais exigente: Deus é na verdade o «totalmente outro», não se situa no prolongamento da nossa razão ou dos nossos valores. Não há linguagem comum; não há moral comum. E fica resolvido de vez o falso dilema do Eu typhron: «Um acto é bom porque Deus o quis, perguntava Sócrates, ou foi Deus que o quis porque era um acto bom?» Isto era misturar palavra humana e palavra de Deus, pretender captar nas malhas da razão a iniciativa de Deus. A última tentativa feita neste sentido foi a de Hegel que reduzia finalmente Deus a não ser mais do que o todo da história humana e fazendo assim da história humana uma falsa história, o simples desenrolar, aparentemente temporal, duma totalidade preexistente, a do espírito. Por um lado, era diminuir Deus para o ajustar a uma determinada etapa história da razão; e era também diminuir o homem privando-o das suas possibilidades ilimitadas de renovação e de criação.
    No seu Comentário da Epístola aos Romanos, Barth retoma contra Hegel, «aquilo a que Kierkegaard chamava a distinção qualitativa infinita entre o tempo e a eternidade». Assim ficam plenamente salvaguardados os direitos de Deus e os direitos do homem. É só se Deus é verdadeiramente Deus, o «totalmente outro», da mais rigorosa transcendência, que o homem pode ser plenamente homem. Se há continuidade entre Deus e o homem, tudo o que se concede a um é necessariamente retirado ao outro. Mas se, ao contrário, não existe entre eles nenhuma medida comum, então a história torna-se uma criação cuja responsabilidade total incumbe ao homem, e Deus, numa iniciativa radical para a qual não encontramos no homem qualquer prefiguração ou apelo a não ser a negação da sua suficiência, pode vir até ao homem sem limitar a sua responsabilidade nem o seu poder criador.
    Este problema é abordado de frente pelos teólogos e filósofos cristãos que reflectem sobre o desafio lançado à fé pelo humanismo ateu.
    […]»

    Excerto do artigo “O que o não cristão espera da Igreja para a formação e o desenvolvimento das normas da vida pública” de Roger Garaudy (Filosofo, Ateu e Marxista), in Concilium – Revista Internacional de Teologia, n.º 5 / Maio de 1968

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  2. Este comentário foi removido pelo autor.

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  3. sim, é um óptimo texto, Rui. Obrigada

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