2011-04-10

regressar ao lugar sem sombras

DESAMORDAZARME Y REGRESARME
 
¿Quién soy yo? Voy repitiendo
la pregunta año tras año.
 
Descarto lo que, sin duda,
sé que no soy.
Ni este cuerpo vulnerable
ni los enloquecidos pensamientos
ni los veleidosos sentimientos.
 
Como tantas veces, nada en mi cuerpo,
en mi mente, en mi corazón,
que pueda llamar yo, considerar yo
sin fisuras o incertezas.
 
Ni la mano que escribe
ni la boca que sonríe y besa
ni los ojos que miran.
Nada… nada…  ¿nada?
 
Quizá deba empezar de nuevo;
ir más allá de los ojos,
desamordazar los ojos,
deshacerlos, quedarme con su esencia…
 
Tal vez sea, en primer lugar,
la mirada que contempla,
que taladra y desvela,
que une lo observado y el que observa…
 
Acaso deba hacer así con todo;
desamordazar la boca,
que ríe, besa y alienta,
capaz de pronunciar
palabras que sanen o verdades…
 
Desmordazar la mano que escribe,
que nombra y silencia,
que pregunta y contesta
a la vez, mano que baila
porque oye en el temblor de una garganta
la voz del universo…
 
Acaso deba hacer así con todo;
ir siempre más allá de la apariencia,
desmontar las tramoyas, los telones,
y encontrar lo que soy,
creciendo libre.
 
(Eugenia DOMÍNGUEZ, Vocación de diamante,
Torremozas, Madrid 2005, pp.38-39).

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