No es tarea de Dios impartir justicia humana, y la justicia divina
se está realizando en todo momento. Para Él todo está en orden en cada
instante. No tiene que reparar ningún desequilibrio porque para Dios el
injusto se daña a sí mismo en la misma medida que hace daño al otro.
Pero, además, el que es objeto de injusticia no será afectado en su
verdadero ser si él no se deja arrastrar por la misma injusticia.
Sem comentários:
Enviar um comentário