“En suma Aristóteles adjudicó los siguientes atributos al Ser que,
en su opinión, era la explicación del mundo y su forma más absoluta:
inmutabilidad, inmaterialidad, omnipotencia, omnisciencia, unicidad,
indivisibilidad, bondad perfecta. Hay una coherencia impresionante entre
ese conjunto de atributos y los que son predicados de Dios por la
tradición judeocristiana”.
En mi opinión esta afirmación es dudosa en extremo:
1. La “bondad perfecta” no incluye en sí la idea de “Persona”, lo
cual es esencial para la “tradición judeocristiana”. Incluir esta noción
en la definición de Dios iría contra el sistema aristotélico, en mi
opinión.
2. En cuanto a “existencia necesaria”: pienso que Aristóteles jamás
creyó en la existencia real de ese Dios (denominado a veces por él la
“divinidad” o “lo divino” = to theion en griego, lo que sin duda rechaza
el politeísmo), cuya definición sintetiza designándolo como “forma
absoluta sin materia alguna”. Ahora bien, tal entidad, que actúa como
“Primer Motor” o “Causa final” lógica de todo el universo, no existe en
realidad. Es sólo una explicación lógica del universo y de cómo este
actúa, sobre todo cómo actúa hacia un fin (teleológicamente). Es un modo
cómo el ser humano reflexivo trata de explicarse a sí mismo el universo
y su funcionamiento.
Explico estos dos puntos:
1. La divinidad aristotélica no es persona. Es cierto que no se
puede responder a esta cuestión claramente porque Aristóteles no se
plantea el tema expresamente. Ni se le ocurre. Pero se puede deducir del
conjunto de su sistema. Por un lado, parece que Aristóteles habla de un
Dios personal y que habla de la felicidad de Dios… cuando escribe que
siendo Dios el “pensamiento del pensamiento” no puede pensar más que en
sí mismo y que esto le produce felicidad.
Aparte de la observación de que Aristóteles está usando aquí
–indebidamente quizás— un lenguaje figurado, es claro que se puede
razonar del modo siguiente dentro de su sistema: sólo una persona podría
ser feliz. Ahora bien, ser persona significa un ser que tiene
conciencia de ser un individuo existente. Ahora bien, Dios como forma
absoluta es el universal absoluto. Y el universal absoluto no puede ser
un individuo, no puede ser una persona, sino un concepto; y por lo tanto
es muy difícil dentro del sistema que pueda ser concebido como pleno de
“bondad”, salvo lógica o metafóricamente.
2. Según Aristóteles algo puede ser real pero a la vez no ser una
entidad verdaderamente existente. Ejemplo: el concepto “patria” es real
porque es capaz de producir variados efectos (de sobra conocidos como
morir o matar por la “patria”). Pero a la vez es evidente que “patria”
como mero concepto que es no tiene existencia real.
Dios, o la divinidad, según Aristóteles es la forma absoluta. Ahora
bien, según su sistema, todo absolutamente todo ha de existir como
compuesto de “materia y forma” (por ello el sistema se denomina
“hilemorfismo”, donde hýle significa “materia” y morphé, “forma).
Aristóteles afirma que no puede existir la materia pura, sólo materia,
sin algún tipo de forma; y de igual modo sostiene que no puede existir
la forma absoluta, sin materia. Dado que Dios es pura forma absoluta, no
puede existir de acuerdo con las premisas del sistema.
Podría objetar alguien que Dios podría ser forma absoluta porque
está fuera de la materia, por tanto no sujeto a condicionante alguna. La
respuesta es: en el sistema de Aristóteles eso parece imposible, puesto
que supondría que la forma absoluta tendría que crear la materia desde
la nada. Esa concepción es radicalmente ajena al sistema aristotélico.
Por tanto, el Dios de Aristóteles es el Primer Motor, la Causa final
de todo, pero solo como una condición lógica, como premisa para
entender el cosmos y para aclarar cómo este aspira siempre a la
perfección (es decir, es como si estuviera atraído por la “Causa final” o
impulsado por el “Primer motor”. Pero en sí esa divinidad no existe. En
mi opinión, Aristóteles fue uno de los primeros ateos prácticos de la
historia.
Por último: una postrera dificultad a la llegada hacia Dios
postulada por Flew se halla en su definición de Dios como Espíritu,
totalmente opuesto y superior a la materia.
En este caso, y por muchas vueltas que se le dé, es muy difícil
encontrar una razón suficiente para explicar por qué un Dios espiritual,
omnisciente, omnipotente y totalmente feliz en sí mismo, haya podido
crear la materia, es decir, el universo entero material. Esa creación no
parece tener sentido alguno.
De hecho este el problema que percibió nítidamente Aristóteles en el
sistema de su maestro Platón: siendo el mundo de las ideas, absoluto,
eterno, inamovible, sin defecto alguno, nao hay razón alguna para que
esas ideas absolutamente perfectas se vean reflejadas en la materia.
Precisamente por ello construye Aristóteles su sistema lógico de
comprensión del universo en el que se presume que la materia es eterna y
en el que la Forma absoluta, el Primer Motor inmóvil actúa sólo como
explicación lógica del porqué existe un universo tal cual es con materia
inorgánica, orgánica, animales, ser humano, estrellas en progresión
siempre ascendente impulsado por el deseo de alcanzar la Forma absoluta,
que es en si inalcanzable.
En síntesis:
• El Dios al que llegan las disquisiciones de Flew no es un Dios
personal. Por tanto, no es el Dios de la revelación cristiana y no puede
garantizar una supervivencia al ser humano después de la muerte
• Ese Dios como explicación del mundo es muy parecido a la Razón
universal de los estoicos antiguos o a la Naturaleza de Baruch Spinoza.
• No es fácil encontrar una razón de por qué el Espíritu absoluto y
perfecto, inamovible, feliz y omnisciente sienta “necesidad” o
“conveniencia” de crear la materia, que es un escalón totalmente
degradado respecto al ámbito espiritual.
• En cualquier caso si esa divinidad fuera persona, estallaría ante la magnitud del mal y del dolor humano.
La solución de los estoicos y de Spinoza a esta última cuestión es
que el espíritu no se distingue cualitativamente de la materia, sino
cuantitativamente. Por ello desde el espíritu a la materia no hay un
paso infranqueable. Son entidades del mismo orden. Solo que el espíritu
tiene una cualidades que la hacen aparecer a nuestra imaginación como
distinta.
Por ello, la Razón universal que es la explicación de todo el orden
del mundo, puesto que está dentro de todo, permeando todo e invadiéndolo
de su calidad, sería la más sublime expresión de la materia, aquella en
la que parece estar en un escalón decididamente elevado o superior. En
esta suposición la “vida” del ser humano después de la muerte, no sería
una inmortalidad personal. Por así decirlo la parte razonable del ser
humano, lo que llamamos “alma”, se disolvería como un átomo en la Razón
universal. Lo que no quedaría claro en esta hipótesis es qué grado de
consciencia tendría cada uno de esos átomos.